El día que Rosalía cantó flamenco alante en el Tablao de Carmen
Esta semana llega a su fin la gira LUX, que ha llevado a Rosalía a cantar en medio mundo, por no decir en el mundo prácticamente entero: Europa, Latinoamérica y Estados Unidos. Es la tercera vez que consigue tal hito: la primera fue con el álbum El Mal Querer y la segunda, con Motomami. En el Tablao de Carmen tenemos el orgullo de decir que acogimos los primeros pasos de la artista, que encontró en Barcelona su escuela y en los grandes escenarios su lugar natural de expresión.

Un primer encuentro en La Rouge
La historia empezó en uno de los muchos bares de Barcelona donde se puede escuchar flamenco en vivo y en cercanía. Concretamente en una esquina del Raval, en el bar La Rouge, donde aún se programa flamenco. Allí fue a cantar una jovencísima Rosalía y allí fue a parar Augustin de Beaucé. Recuerda que había poca gente y que entre el público había cuatro chicas ya “enamoradísimas” de la entonces cantaora. A Augustin, que en aquella época era el manager del bailaor El Yiyo, le encantó cómo cantaba. Pero la clara intuición de que estaba ante alguien que haría algo grande le llegó cuando habló con ella. “Me chocó la presencia que tenía y lo simpatiquísima que era. La veías una persona muy segura, con una visión tremenda, como que te la crees”, recuerda. “Tuve clarísimo que iba a ser una estrella”.
Lo mismo le pasó a Mimo Agüero, directora del Tablao de Carmen, cuando la vio cantar. A ella le había llegado por el folleto de un festival y le llamó la atención su imagen y la reseña que la acompañaba: “La voz actual del flamenco antiguo”. Así que no se lo pensó cuando Augustin le propuso ir a verla cantar al Paraninfo de la Universidad de Barcelona. Cantó La hija de Juan Simón y otras coplas flamencas populares que después incluyó en su primer álbum, Los Ángeles. “Yo quiero esto en el tablao”, se dijo Mimo. Hay que reconocerle la capacidad de reconocer un talento singular cuando no todo el mundo lo veía claro. O cuando incluso se criticaba.

Rosalía: “Mimo, ¡a tope!”
Poco después, tras una visita al Tablao Cordobés, cenaron los tres (Mimo, Augustin y Rosalía) en el restaurante La Fonda. De aquel día, Augustin recuerda que había ido a buscarla al Ayuntamiento, donde había cantado para Ada Colau. Le contó que la alcaldesa no paraba de llorar, y Rosalía no lo entendía. “Era como muy humilde, muy ingenua, como que se notaba que sentía: ‘No me lo merezco’”.
Después del pase en el Cordobés, en la cena con Mimo, esta le propuso a Rosalía cantar en el Tablao de Carmen. “Era encantadora, abierta y centrada”, recuerda hoy. “No bebía y solo tomaba tila. Era ‘driven’, como dicen en inglés: una persona con una meta. La veías concentrada en la mirada, tenía absoluto foco, cuando hablaba del bolo ya estaba pensando en cómo hacerlo. Me hacía gracia que a todo me contestaba: ‘Mimo, a tope’. Yo pensaba: ‘Tiene que venir antes de que se haga famosa’”.
Aquel debió ser uno de los primeros sueños que cumplió en los pocos años que llevaba rodados en escenario. O así lo vivieron los padres de la artista: les contaron a Mimo y Augustin que de adolescente, cuando empezó a estudiar cante flamenco, les pedía a sus padres que la llevaran al Tablao de Carmen. “A ese sitio colgao”, decía Pilar, la madre de Rosalía. Lo hacía por recomendación de su profesor de cante durante muchos años, Chiqui de la Línea, que le animaba a que fuera al tablao del Poble Espanyol a ver a Juaneke, cantaor principal del cuadro en aquella época. Lo que no se imaginaría Rosalía es que el mismo Juaneke, años después, reconocería su cante y le confesaría a Augustin: “Oye, te digo una cosa, todo el mundo critica a esta niña, pero esta sí que sabe cantar”.
Cante alante y repertorio flamenco
La fecha fue el 14 de mayo 2016. Aquel día la segunda parte del segundo pase del tablao se reservó para su cante. La acompañó Alfredo Lagos. Se vendieron 35 entradas a 15 euros, más invitados, más el público regular del tablao. Fue, como atestigua Augustin de Beaucé, una de las últimas veces que se la pudo ver así. Cantó repertorio jondo y clásico: cantiñas, milonga y bulerías, entre otros palos que ya manejaba. Unos 20 minutos de actuación. “Fue un momento mágico, de esto que se hace un silencio que no se oye ni una mosca”, recuerda Mimo. A todo el mundo le encantó. A ese bolo llegó con curiosidad alguien que sería clave en el despegue de la catalana: El Guincho, productor que después la contactó para trabajar juntos. De aquel encuentro salió El mal querer.
Un mes después salió la colaboración con C. Tangana, Antes de morirme, que la expuso a un público más general. En febrero de 2017 lanzó su primer disco, Los Ángeles. Lo llevó de regalo al tablao y vino a despedirse antes de mudarse a Madrid. Cuando en noviembre de 2018, Mimo la invitó para la fiesta del 30º aniversario del tablao, ella le contestó que no podía porque se iba a los Latin Grammys: su álbum El mal querer estaba nominado. El resto, efectivamente, es historia de la música española.

“De Barcelona pa Santo Domingo”
Mimo y Augustin tenían claro que sería importante, pero quizás no los muchos giros artísticos que ha dado después. Por su parte, Augustin recuerda cómo fue en el mundo flamenco la publicación del álbum El mal querer. Levantó reticencias respecto a lo que se considera ortodoxo en el flamenco. Pero una importante periodista especializada le reconoció a Augustin: “Rosalía nos da mucho dinero, está internacionalizando el flamenco”. Así lo vive él con su familia francesa, que después de conocer la música de Rosalía le preguntan: “¿Tú sabes quién es Camarón? Me encanta”.
Mimo tampoco lo vio venir: “Pensé que se quedaría en el flamenco, no me imaginaba un Berghain”, dice Mimo. Fue una de las pocas privilegiadas en ser invitada al Listening party de LUX en el MNAC (Museo Nacional de Arte de Cataluña). “Fue impresionante, es que tiene muy buen gusto”, recuerda.
Por lejos que haya llegado, es innegable que todas sus vivencias en aquella Barcelona mestiza le configuraron como artista sin fronteras ni moldes. Todo aquel cóctel del que ella bebió lo recoge la periodista Maricel Chavarría en su libro Rosalía. Por ahí por Barcelona, tomando uno de los versos de su canción Reliquia. En el libro, la periodista explica esta historia de Rosalía en el Tablao de Carmen. También el reportaje de El Periódico de Catalunya dedica unas líneas a nuestro tablao como uno de los sitios relevantes en la primera etapa de la cantante. Igualmente el periódico Les Jours, de Francia, nos pone en el mapa de aquella Barcelona en la que Rosalía aprendió el descaro que menciona en su canción.
Nosotros estamos orgullosos de haberle dado ese espacio, una de las voces privilegiadas que hemos tenido el placer de escuchar de cerca en nuestras tablas. Y no una voz cualquiera. En palabras de Mimo: “Tenemos mucha suerte de que exista Rosalía. Es un plus al planeta”.