Homenaje a Juan Ramírez, un bailaor más flamenco que el tacón
El 5 de enero de 2026 el mundo flamenco se levantó con una tristísima e inesperada noticia: el fallecimiento de Juan Ramírez. Figura del baile flamenco, uno de los máximos exponentes de la percusión de pies, fallecía en Alicante tras una breve y fatal enfermedad.
En el Tablao de Carmen tuvimos el privilegio de presenciar una de sus últimas actuaciones. En mayo de 2025 honró esta casa con su presencia y su baile, y el regalo que nos hizo con su icónico y magistral zapateo quedará para siempre en los recuerdos más preciados del tablao. En esta nota contamos su biografía como pequeño homenaje a la vida de un hombre que aportó jondura y autenticidad al baile flamenco.

Bailaor desde niño
Nació en Mérida el 16 de junio de 1959, hijo de un pacense y una cordobesa. La familia se mudó a Sevilla cuando él era niño, y fue allí que empezó a dar sus primeras patadas, fijándose en los grandes exponentes del momento como Farruco, El Mimbre o Manuela Vargas. Poco después se instalaron en Alicante. Allí siguió aprendiendo flamenco, tanto cante, como toque como baile, pero se acabó decantando por esto último. Antes de que cumpliera la mayoría de edad ya estaba trabajando en el mítico tablao Las Brujas, en Madrid. Desde joven destacó por su magistral juego de pies, tanto es así que dicen que le llamaban “el metralleta”. En la capital conoció al maestro de maestros, Paco de Lucía. Conocerle marcó su carrera. Con estas palabras le contó al periodista Alejandro Luque, de Expoflamenco, aquel encuentro: “Estaba grabando Solo quiero caminar, me vio bailar y me dijo que le gustaría que metiera los pies en una bulería del disco. Le confesé que no sabía si estaba preparado, le tenía mucho respeto al flamenco y a Paco, que ha sido el Beethoven del flamenco aquí, en España. Y me dijo: ‘No te preocupes, yo no he visto a nadie bailar como tú’. Me echó unos piropos muy bonitos”. Según refleja en el mismo artículo el periodista de Expoflamenco, los dos grandes del cante del final del siglo XX, Camarón y Enrique Morente, le dijeron cosas parecidas a Juan Ramírez: “Eres el mejor para mí”, le dijeron, concretamente.

Compás y raíz
Participó en el Solo quiero caminar de Paco. Con el tocaor de Algeciras se fue de gira por Europa, aunque su gran miedo a volar le impidió ir a Japón o Estados Unidos con la compañía. Con Camarón, participó en su último álbum, Potro de rabia y miel. En esos años, consiguió El Giraldillo en la Bienal de Sevilla de 1982 y el Premio Nacional Pastora Imperio. Siguió haciendo giras con grandes del baile, entonces promesas, como Antonio Canales o Sara Baras. Bailó igualmente en los grandes escenarios de nuestro país: como el Teatro Albéniz, el Palau de Valencia o el Palau de la Música de Barcelona, y compartió tablas con prácticamente todos los artistas de primera de las últimas décadas: Lole y Manuel, La Macanita, El Potito, Ketama o Tomatito. Y dejó su impronta en los artistas del futuro con sus recordadas clases en Amor de Dios, la mítica escuela de Madrid. También impartió clases fuera de España y “transmitió una manera de entender el baile basada en el compás, la verdad del cuerpo y la fidelidad a la raíz”, escribieron en deflamenco.com en su obituario.
En 2004 consiguió un hito en su carrera profesional nada habitual en bailaores: publicó un álbum, Más flamenco que el tacón, en el que participaron Remedios Amaya, Raimundo Amador, Parrita, La Barbería del Sur, Jorge Pardo o El Guadiana. En los últimos años viajaba desde Alicante, ciudad de la que hizo su hogar, a las capitales flamencas para trabajar como figura invitada en otros tablaos, como Torres Macarena de Sevilla, o Casa Patas y Cardamomo de Madrid. Como comentábamos arriba, en primavera de 2025 tuvimos el honor de tenerle sobre nuestras tablas, y unos meses después murió dejando un hueco irremplazable en el mundo jondo. Así lo expresaron en la revista deflamenco.com: “Ha fallecido dejando una trayectoria marcada por la pureza, el rigor y una concepción del baile hondo en la que el cuerpo —y de manera especial los pies— se convertían en instrumento de verdad. Hecho a sí mismo, Ramírez defendió siempre un baile ajeno a modas o influencias externas, una expresión directa de lo que se siente y se pisa”. Juan Ramírez, para siempre en el recuerdo, hizo historia en el baile flamenco.