Leyendas del flamenco: Carmen Amaya, Paco de Lucía y Camarón de la Isla
Durante el siglo XX, el flamenco dio un salto de calidad y profesionalización que llevó al flamenco a otro nivel y a tomar la forma con la que lo conocemos hoy. Salió de las casas y las familias, primero a los cafés cantantes, después a los tablaos y teatros. Viajó desde Andalucía a las principales ciudades de España, y de ahí se expandió por el mundo: Francia, Argentina, México, Estados Unidos, Japón… Y para recorrer esa travesía y recabar aficionados por todo el mundo tuvo que tener a varios embajadores que pusieron el flamenco, que había nacido en el seno de familias flamencas en los rincones del sur de España, en lo más alto de los escenarios más icónicos del mundo.
Carmen Amaya: el baile gitano en la Gran Manzana
Carmen Amaya llegó a Madrid después de recorrer todos los locales flamencos que destacaban en la vida nocturna barcelonesa. En los ambientes flamencos de España ya se empezaba a hablar de ella como una importante promesa, pero el verdadero salto le llegó al otro lado del charco. Con residencia en Buenos Aires, fue conquistando los escenarios de Argentina, México, Brasil… hasta que dio el gran paso americano: Nueva York. Allí conquistó a la crítica y al público, y confirmó que el flamenco tenía mucho recorrido en aquella ciudad que se perfilaba como la capital del mundo. No fue la única que se labró un recorrido de leyenda allá en los Estados Unidos: también fueron reconocidos Sabicas, Faíco o Antonia Mercé “La Argentina”.
En aquella época, a España le empezó a interesar proyectarse y venderse al resto del mundo, y encontró en el flamenco una marca distintiva y pintoresca en la que sustentó la idea de Spain is different. Al calor de aquella exportación del folclore patrio nacieron varias leyendas más, que si bien no hacían flamenco ortodoxo, bebieron de él y con él labraron su imagen. El gran ejemplo es Lola Flores. Nacida en Jerez de la Frontera, se inició muy pequeña en los escenarios de bares y tabernas de su pueblo. Comenzó con la copla y acabó formando una dupla histórica con el que fue su marido, Antonio González ‘el Pescaílla’, y juntos llevaron la rumba a otro nivel.

Camarón de la Isla: más que una leyenda
Desde niño despuntó cantando en su pueblo, San Fernando. Especialmente en la Venta de Vargas, lugar con solera y honda historia flamenca. Allí se creó la leyenda de un gitano rubio que cantaba para partirse la camisa. De Cádiz saltó a Madrid y conquistó los tablaos. Sobre todo Torres Bermejas, donde fue parte del cuadro durante varios años. Allí conoció a su gran escudero y su dupla mítica: la otra gran leyenda del flamenco pero en el toque, Paco de Lucía. Con él grabó 9 nueve discos “de pizarra” (con cantes clásicos y acompañado solo de guitarra y palmas), pero la trascendencia le llegó con el disco La leyenda del tiempo. Rechazado y criticado en un principio por su hibridación con otros géneros e instrumentos no propios del flamenco ortodoxo, pasados los años se convirtió para muchos en el mejor disco de flamenco de la historia. Después, sus éxitos Como el agua o Soy gitano le confirmaron con una especie de Dios del flamenco. Su muerte prematura a los 41 años dejó desolado al mundo de la música y a día de hoy nadie discute que fue el mejor cantaor de flamenco contemporáneo. Es el único artista flamenco que ha recibido a título póstumo la Llave de Oro del Cante Flamenco, en el año 2000.

Paco de Lucía, el flamenco se vuelve mundial
Nacido en Algeciras e iniciado desde muy pequeño en la guitarra, aprendió de los grandes maestros del toque del momento: Niño Ricardo, del que puso absorber conocimientos en persona, y Sabicas, cuyos discos llegaban a casa de Paco. En sus primeras andanzas tuvo como fiel escudero en el cante a su hermano, Ramón de Algeciras. Con él se fue de gira, aún muy joven, a América con la compañía del bailaor José Greco. Después de afianzarse en los tablaos y en los 9 álbumes con Camarón, su subidón de popularidad llegó con el gran éxito Entre dos aguas en 1973. Esta mítica rumba estuvo en el número 1 de ventas en España y le llevó a ser el primer guitarrista flamenco en dar un concierto en solitario en el Teatro Real de Madrid.
La inquietud de Paco le llevó a interesarse y abrirse a otras músicas, y bajo el paraguas de aquello que empezaba a llamarse flamenco jazz, llegó uno de los trabajos que más gustó al público internacional: el disco Friday Night in San Francisco. Un álbum grabado en directo en uno de los muchos conciertos que hizo con dos gigantes del jazz, Al di Meola y John McLaughin. Igualmente, Paco creó un sexteto con el que continuó explorando nuevos sonidos, para el cual contó con músicos formados en otras disciplinas, como Carles Benavent, Jorge Pardo y Rubem Dantas. Fue con este sexteto con el que se incorporó una de las mayores aportaciones de la carrera de Paco al flamenco, el cajón peruano como instrumento flamenco. En esta época de apertura artística de Paco, nunca perdió de vista la música española clásica, con grabaciones como El concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo o el disco Canción andaluza.
En 2013 murió de un infarto a los 66 años, dejando uno de los legados más importantes de la música española y mundial, y afianzando el flamenco como una música rica, viva y universal.
