Historia del Tablao de Carmen desde 1988
Poble Espanyol: el inicio de una historia flamenca
La historia de nuestro tablao comenzó, en realidad, varias décadas antes de que abriera. Fue en el año 1929. Barcelona se había vestido de gala para acoger de nuevo la Exposición Internacional, que había tenido su primera cita en la ciudad en 1888. En aquella primera ocasión el escenario protagonista fue el Parque de la Ciutadella, y en 1929 el elegido fue la montaña de Montjuïc. Allí se construyeron palacios y pabellones, como el de Mies van der Rohe, considerado uno de sus obras maestras, o el Palacio de Agricultura, actual sede del Teatre Lliure; pero también Plaza de España, el Palau Nacional sede del Museo de Arte Nacional de Cataluña y la Fuente Mágica. Un sinfín de edificaciones que a día de hoy forman parte del paisaje más reconocible de la ciudad y han devenido puntos de interés para quien nos visita.
Una de las construcciones más originales de la Exposición fue el Pabellón español que hoy día conocemos como el Poble Espanyol. En dicho enclave se reproducía la esencia de los pueblos españoles y los dividía en cuatro zonas: sur, norte, mediterráneo y centro. Fue en la zona sur, llamada Barrio Andaluz, donde se celebró la Semana Andaluza en junio de 1930. Allí, en el Patio del Farolillo, fue a parar una jovencísima Carmen Amaya, rodeada de su familia para bailar delante del rey Alfonso XIII. El periódico La Vanguardia dedicó un magazine especial para tal evento, con fotografías que dejaron testimonio de lo que fue aquel campamento flamenco de la familia Amaya. La Semana Andaluza se convirtió en uno de los grandes encuentros entre la cultura andaluza y catalana, teniendo en cuenta que Barcelona ya contaba con una escena flamenca que nada tenía que envidiar a la madrileña o sevillana.

Begur: enclave de un gran encuentro
Carmen Amaya fue reconocida como una gran artista desde sus primeros pasos. En Barcelona, Madrid y París. Con el estallido de la Guerra Civil española, Carmen y toda su familia llegan a Portugal, donde triunfan y aprovechan para zarpar a ultramar y aceptar un contrato en el Teatro Maravillas de Buenos Aires. De ahí la fama les acompaña por Argentina, Colombia, México y Estados Unidos durante los siguientes once años.
Carmen volvió a España en 1947, ya como una estrella que había conquistado los escenarios de Latinoamérica y Estados Unidos. Viajó por Europa y se casó en 1951 con el guitarrista santanderino Juan Antonio Agüero que, desde su incorporación a la compañía, la acompañó siempre al baile. Pasados unos años, en 1961, y tras el diagnóstico de una insuficiencia renal intratable e irrevocable que complicaba viajes y condicionaba su capacidad de bailar, compró junto a su marido una masía en la Costa Brava, el Mas Pinc en Begur. Y ahí se afincaron, disfrutando de la zona y de sus últimas actuaciones hasta agosto de 1963, tres meses antes de morir en su casa en noviembre de ese mismo año.
Fue durante esos dos años en Begur que Carmen y Juan Antonio tramaron amistad con Sunchy Echegaray, una de las fundadoras del Tablao de Carmen, entonces vecina del pueblo contiguo, gran aficionada al flamenco y admiradora de Carmen desde niña.

Carmen falleció el 19 de noviembre de 1963 a causa de su enfermedad en los riñones. Juan Antonio Agüero, una vez viudo, se aisló en el Molinás, una casa abandonada en las montañas cerca de Colera, desolado por haber perdido a Carmen. Durante varios años, el único motivo para salir del Molinás era ir a Bagur a cuidar su tumba. Pocos conocían su remoto paradero. Sunchy acostumbraba a visitarlo de vez en cuando o a recibirlo cuando iba a Bagur, cómplice de la tristeza y el vacío que Carmen había dejado. Con el tiempo, lo que se inició como una amistad entre Sunchy y Juan Antonio, acabó, después de cuatro años, en matrimonio. En 1967 se casaron en el Monasterio de Sant Cugat y un año después tuvieron dos hijas gemelas, Mila y Mimo.

1988: primer pase de un tablao inmortal
Y pasaron dos décadas más. A finales de los 80, el Poble Espanyol fue restaurado con motivo de reanimar el ocio de la zona en la Barcelona pre-olímpica. Se crearon nuevos espacios de música y fue entonces cuando apareció el Tablao de Carmen.
El solar contiguo al Patio del Farolillo, donde había ocurrido tal hito para la historia del flamenco catalán, estaba inutilizado. Los impulsores del proyecto de reanimación del Poble Espanyol querían un tablao flamenco en su barrio andaluz. La idea de abrir un tablao comenzó sedujo a un grupo de empresarios barceloneses que le encargaron el diseño y decoración a Sunchy Echegaray, que además de ser gran aficionada al mundo flamenco y amiga personal de Carmen, se había dedicado toda su vida al diseño de interiores.
Así fue como Sunchy entró al negocio como socia fundadora. Sobre el nombre del Tablao no hubo duda: Tablao de Carmen. En homenaje a la más grande bailaora de todos los tiempos, que además era barcelonesa y había bailado en ese mismo lugar: entonces Patio del Farolillo, hoy Patio de Carmen, nuestro patio.

El 23 de noviembre de 1988 el Tablao de Carmen abrió sus puertas para celebrar su primer pase flamenco, y ha seguido acogiendo este arte de manera ininterrumpida los últimos 38 años (salvo el año y medio que cerró en 2020 por la pandemia de covid-19). El Tablao de Carmen entró con fuerza en el mapa flamenco de España: las primeras figuras de la noche inaugural fueron La Negra Montoya y la Cañeta al cante y al baile, Pepe Habichuela y José Luis Postigo al toque, y María Vargas al baile. Desde entonces han pasado por nuestras tablas grandes artistas en sus inicios y en su consagración: Eva Yerbabuena, Sara Baras, Mario Escudero, Angelita Vargas, La Faraona, La Tana, Paloma Fantova, Juan Ramírez, Chicuelo, Miguel Poveda, Rosalía o el Yiyo. El espíritu del tablao permanece inmutable: un lugar donde se encuentran los maestros del oficio con la afición y con aquellos que dan sus primeros pasos en el arte jondo.